La demarcación de la Raya y la labor cartográfica de la Comisión Mixta de Límites (1866-1906)

La ejecución del Tratado de Límites de 1864, consistente en la demarcación propiamente dicha de la Raya, se reguló por las citadas Instrucciones aprobadas en Lisboa el 9 de noviembre de 1866, y se extendió durante aproximadamente cuarenta años, culminándose con la firma del Acta General de Demarcación el 1 de diciembre de 1906. En la práctica, el proceso se efectúo en dos fases, desarrolladas en los períodos 1866-1873 y 1882-1906, pues entre abril de 1873 y agosto de 1882 la sección española de la Comisión Mixta estuvo disuelta. La segunda de estas fases, confiada a oficiales de los respectivos Estados Mayores del Ejército de Tierra, implicó el amojonamiento definitivo de la línea fronteriza (se colocaron un total de 801 hitos, algunos de ellos dobles, de los cuales 349 corresponden al sector galaico-portugués) y su entrega a las autoridades de los municipios y concelhos limítrofes. Dicha entrega se ejecutó mediante nueve actas parciales (cada una correspondiente a un tramo concreto de la línea fronteriza), sobre la base de las cuales se elaboró el Acta General de Demarcación. Conforme a lo establecido en las citadas instrucciones, todas esas actas van acompañadas de una “descripción geométrica” pormenorizada y de una cartografía específica de la línea fronteriza, efectuada conjuntamente por los miembros portugueses y españoles de la Comisión de Límites.

En este sentido se elaboraron y publicaron tres series cartográficas generales de la frontera delimitada por el Tratado de 1864,  llevadas a cabo con procedimientos científicos modernos y apoyadas, sustancialmente, en los vértices de la red geodésica portuguesa. De mayor a menor escala, esas tres series, son:

-El Plano de la línea fronteriza entre España y Portugal en escala 1:10.000, publicado entre 1896 y 1905 para complementar ocho de las nueve actas parciales de entrega ejecutadas en virtud de dicho Tratado. En consecuencia, este plano se subdivide en ocho tramos, que comprenden un total de 194 hojas, cada una de las cuales abarca una amplitud de terreno de 400 m (200 m a cada lado de la línea).

   –   La Carta Corográfica de la Frontera en escala 1:50.000, compuesta de 22 hojas, que representan una banda de 8 km de ancho (4 km a cada uno de los lados de la raya). La primera versión completa de esta serie se publicó en 1893, aunque dicha edición fue revisada y perfeccionada en los años siguientes, publicándose de nuevo en 1904.

  –  El  Atlas de la frontera Hispano-portuguesa desde la desembocadura del Miño hasta la confluencia del Caya con el Guadiana, en escala 1:100.000, compuesto de 11 hojas y anexo al Acta General de Demarcación de 1906.

 

DESCRIPCIÓN GEOMÉTRICA DE LA LÍNEA FRONTERIZA 

Imágenes ampliadas y ficha completa

La delimitación de la frontera hispano-portuguesa definida por el río Miño, de aproximadamente 75 km de longitud, fue objeto de una serie de disposiciones especiales, aparte de aquellas, antes apuntadas, relativas a su soberanía. El artículo XXVI del Tratado de 1864 y el Reglamento sobre ríos limítrofes anexo al mismo, aprobado en 1866, se referían expresamente a los perjuicios causados por el efecto de las obras construidas en las orillas de dicho río tanto para la navegación como para el uso y aprovechamiento públicos de las aguas y de las riberas fluviales. En efecto, como había verificado y denunciado la Comisión Mixta de Límites desde junio de 1856, cuando procedió al reconocimiento conjunto de este sector fronterizo, la proliferación incontrolada de esas obras (en particular de las pesquerías levantadas en ambas márgenes para la captura de especies tales como la lamprea y el salmón) alteraba significativamente el curso natural de las corrientes y provocaba la formación de islas, bancos de arena, montículos de piedras y otro tipo de obstáculos similares. Dichos accidentes no sólo dificultaban la navegación y la estabilidad de los límites fluviales internacionales, sino que también causaban el anegamiento de determinadas zonas cultivables de dominio privado, con el consiguiente perjuicio a sus propietarios.

Para tratar de corregir esta situación el artículo IV del citado Anexo acordó prohibir “la construcción de todo género de obras, como son molinos o aceñas, presas fijas o movibles, malecones, pesquerías, canales, empalizadas y otras cualquiera que puedan causar embarazo o daño al interés público”. A su vez, el artículo transitorio de ese mismo Reglamento preveía efectuar un reconocimiento de la frontera definida por el Miño por dos ingenieros (uno de cada país) al objeto de verificar y describir, entre otros aspectos, todos aquellos “obstáculos que embaracen la navegación y las obras que juzguen necesario construir o demoler, tanto para hacer el río navegable como para regularizar el curso de sus aguas”. En la práctica, el cumplimiento efectivo de estas tareas técnicas quedó confiado finalmente a la Comisión de Límites que preparó el Acta de entrega de la línea fronteriza del Miño, firmada en Lisboa el 30 de mayo de 1897, bajo la presidencia de Ignacio Salinas Angulo (coronel del Estado Mayor del Ejército español) y Sebastião Lopes de Calheiros e Meneses (general del Estado Mayor del Ejército portugués).

El Acta en cuestión, que incluye una minuciosa descripción geográfica de este tramo de la Raya y un inventario exhaustivo de las obras existentes en el mismo, se acompañó de un Atlas a escala 1:2.500 publicado en 1898 y compuesto de 59 hojas, elaborado conjuntamente por el comandante  del E.M.E. español Miguel Correa Oliver y el Mayor del E.M.E. portugués Gaspar António de Azevedo Meira. La escala elegida para este plano, que, además del curso del río, representa sendas franjas de 250 m a derecha e izquierda de cada orilla, respondió a la necesidad de identificar adecuadamente las obras a que se refería el citado Reglamento. Aparte de cumplir con este objetivo, el Atlas o Plano de la línea fronteriza definida por el Miño efectuado por la Comisión de Límites contiene otras informaciones de gran variedad e interés geográfico para reconstruir el paisaje y la organización espacial de esta parte de la Raya a fines del siglo XIX, tales como las relativas a la red de caminos y asentamientos, los aprovechamientos y usos del suelo, los límites de las divisiones territoriales-administrativas, los puestos fiscales y de policía, los embarcaderos y fondeaderos utilizados por las barcas de pasaje, las mercantes y las de guerra, los puentes y pontones, las fuentes, los límites de las aguas permanentes y no permanentes, las islas y bancos de arena o fango, los terrenos pantanosos, los diferentes tipos de formaciones arenosas y rocosas, etc.